No es solo cuestión de fuerza de voluntad. No has fallado tú. Parece
un cliché, pero no lo es: ya no nos es fácil mantener una buena
relación con la comida.
En un mundo hiperestimulado, todo nos parece blanco y negro. Nos es
difícil ver la escala de grises. Se repite la situación:
Llega el lunes y tienes el plan, la lista de la compra, la rutina
creada, la promesa de que esta vez sí. Por fin te vas a poner en
serio a dieta. Esta vez sí tienes energía. Esta vez sí estás
motivada.
Dos semanas después, una cena fuera, un día complicado en el
trabajo, la casa, los hijos, los cuidados. O simplemente ansiedad,
aburrimiento.
Se vuelve a derrumbar todo, y aparece la frase de siempre:
«es que no soy disciplinada». Te juzgas, eres
injusta contigo misma, y tiras la toalla.
No es solo conclusión tuya, mucha gente se ha impuesto esta forma de
pensar. Durante años, dietas a base de apretar los dientes han sido
la norma, y su conclusión lógica es la culpa. Si la voluntad es un
músculo, quien abandona es porque no lo entrenó lo suficiente. Bajo
esta perspectiva, el fallo siempre serás tú.
Por suerte, la ciencia actual cuenta otra cosa: no es cuestión de
apretar más los dientes. Ni de tener más fuerza de voluntad o, peor,
de no tenerla.
Es cuestión de cambiar el terreno de juego.
Roma no se construyó en un día, y una relación sana con la comida
tampoco puede forjarse en un instante. Pequeños gestos del día a día
marcan la diferencia: cambiar poco a poco tu forma de pensar, tu
forma de mirarte y tu forma de relacionarte con la comida.
En consulta trabajamos tus hábitos: pequeños,
concretos, adaptados a la vida real, y a ti.
Este puede ser el comienzo.